La cuantificación de la concentración sérica de sNfLs es una herramienta más del complejo algoritmo que conforma el seguimiento de los pacientes con Esclerosis Múltiple (EM) o el trastorno del espectro de la neuromielitis óptica (NMO), y permite detectar inflamación, tanto de tipo clínico como brotes o lesiones, como de empeoramiento subclínico, pero igualmente inflamatorio de la discapacidad. Su medición seriada podría permitir evaluar la actividad inflamatoria, predecir la respuesta terapéutica y apostar por un tratamiento personalizado en estas enfermedades neurológicas.
A pesar de la experiencia con la que ya se cuenta en España, tanto a nivel de investigación como en práctica clínica, los expertos subrayan que aún están aprendiendo sobre sus posibles aplicaciones y todo lo que pueden aportar como biomarcador.
Así lo han manifestado en el marco del NeuroSummit 2025, al que han asistido 168 especialistas de toda España entre neurólogos, farmacéuticos hospitalarios e inmunólogos. En este encuentro – que ha contado con la presencia de Eva Ortega-Paíno, secretaria general de Investigación en el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades – se ha debatido sobre el impacto de estas herramientas en el pronóstico, seguimiento y tratamiento de la EM y el NMO así como la experiencia que existe en la práctica clínica.
En este contexto, la doctora Mariluz Amador, directora médica de Roche España, ha comentado que “jornadas como ésta son una muestra de cómo la colaboración entre los diferentes agentes implicados ayuda a impulsar avances significativos para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con estas patologías. Desde Roche seguimos trabajando para que la innovación científica tenga un impacto en la vida de los pacientes”.
La EM y el NMO son enfermedades neurológicas que afectan a millones de personas en todo el mundo. La EM se caracteriza por la degeneración de la mielina que protege las fibras nerviosas, mientras que la NMO afecta principalmente al nervio óptico y la médula espinal. En los últimos años, el uso de biomarcadores como los neurofilamentos, unas proteínas presentes exclusivamente en las neuronas, ha mejorado notablemente la detección y abordaje personalizado de estas patologías, permitiendo evaluar el daño neuronal con mayor precisión.
Actualmente, se ha visto que su detección en sangre resulta un biomarcador clave para evaluar la magnitud del daño neuronal, proporcionando información esencial en enfermedades como la esclerosis múltiple. Tal y como ha explicado el doctor Alfredo Rodríguez-Antigüedad,jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Cruces de Bizkaia, “los neurofilamentos son un biomarcador que cada vez tiene más expectativas de uso, ya quenos proporcionan una evaluación objetiva y precisa del estado de la enfermedad. Teniendo en cuenta que las neuronas son células que no tienen la capacidad de regenerarse, suponen un biomarcador esencial para lograr una evaluación más precisa sobre la evolución de la enfermedad en cada paciente, ya que permite saber si está habido una destrucción del cerebro. De este modo, se puede evaluar la progresión de la enfermedad y monitorizar la eficacia de los tratamientos, algo que antes no se podía hacer con tanta precisión”.
Este experto también ha destacado que al ser un método sencillo, a través de detección en sangre, “resulta accesible y no invasivo, lo que facilita su uso en la práctica clínica». En definitiva, son herramientas que nos permiten avanzar hacia una medicina más personalizada, para adaptar el tratamiento a las necesidades de cada paciente».
Por su parte, la doctora Luisa María Villar Guimerans, jefa del Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, subrayó que “la detección de neurofilamentos en sangre ayuda a conocer el estado actual del daño neuronal y predecir así la progresión de la enfermedad, algo esencial para decidir el tratamiento más adecuado en cada caso y cuándo debe modificarse”.
Asimismo, esta experta ha señalado que estos biomarcadores ayudan a identificar diferentes mecanismos fisiopatológicos de la enfermedad, facilitando así la búsqueda de nuevas dianas terapéuticas: “es posible evaluar la eficacia de un tratamiento en tiempo real y ajustarlo si es necesario abre un abanico de posibilidades para mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes”, añadió.
Ambos expertos han destacado también el impacto que tiene la personalización de la medicina en la optimización del uso de recursos, así como en garantizar que cada paciente reciba el mejor tratamiento en el momento preciso.
Retos en el uso de estas herramientas
Uno de los principales desafíos para la implementación de los biomarcadores en la práctica clínica es la universalización del acceso a estas pruebas. A pesar de ser un método no invasivo, aún existen barreras relacionadas con su disponibilidad generalizada y la falta de recursos y posibilidades técnicas en algunos centros. Además, la formación práctica de los neurólogos sobre el uso adecuado de estos biomarcadores es esencial para garantizar su correcta aplicación.
Como ha comentado el doctor Rodríguez-Antigüedad, «todavía estamos aprendiendo a utilizar esta herramienta de la manera más eficiente. Por lo que es necesario un esfuerzo conjunto para estandarizar su uso y asegurar que todos los profesionales tengan acceso a la formación necesaria».
El futuro de la investigación se dirige a mejorar la precisión de estos biomarcadores y ampliar su uso en la monitorización de la enfermedad a largo plazo. Asimismo, se trabaja en identificar nuevas dianas terapéuticas y evaluar cómo estas innovaciones pueden integrarse en la práctica clínica cotidiana para personalizar las opciones terapéuticas y obtener mejores resultados en salud.
